TRANSFORMAR: Guardianes de la Luz
Foto de Jill Wellington
Buenos días.
Vamos a cerrar los ojos un segundo e imaginar que todo está oscuro... muy oscuro. Escuchad lo que dice el primer libro de la Biblia sobre el comienzo de todo: «Dijo Dios: “¡Que exista la luz!”. Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena, y que gracias a ella se podían ver todas las cosas bonitas que iba a crear».
(Abrimos los ojos).
- Si Dios creó la luz para que pudiéramos verlo todo... ¿Qué cosas de la naturaleza (animales, plantas, paisajes) os parecen más brillantes o más bonitas?
- Cada animal, cada árbol y cada río tiene un «mensaje secreto» de Dios para nosotros. Si tu mascota o un árbol del patio pudieran hablar, ¿qué mensaje crees que te darían sobre cómo los tratamos?
- ¿Qué podemos hacer para que esta luz siga brillando en la naturaleza?
La lectura de la Biblia nos dice algo precioso: Dios «escondió» un poco de su luz dentro de cada cosa que creó. Imaginad que cada flor, cada perro, cada compañero y compañera tienen dentro una chispita brillante que viene de Dios. ¡Qué importante es todo!, ¿verdad? Cuando cuidamos la naturaleza, cuando no tiramos basura y tratamos con cariño a los animales, estamos dejando que esa chispita brille. Pero si destruimos, ensuciamos o tratamos mal las cosas, es como si les echáramos una manta encima y apagáramos su luz. Por eso, hoy (y cada día) estamos llamados a ser «guardianes de la luz»: cuidar todo lo que Dios ha creado para que nada pierda su brillo. Y para empezar, os invito a cerrar los ojos y repetir conmigo (o por dentro) esta acción de gracias:
Hola, Jesús,
hoy solo quiero darte las gracias por este nuevo día.
Gracias por tu luz y tu belleza.
Gracias por dejarnos ver tu chispa en cada cosa. Amén.

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