EXPLICAR: El oso Bernardo
Buenos días,
Estamos a seis días de iniciar la Semana Santa, pero ¿qué recordamos en Semana Santa? Os voy a contar una historia para entender un poco mejor el significado de recordar que Jesús fue arrestado, murió en la cruz y finalmente resucitó; o sea, ¡que volvió a la vida! Prestad atención:
Había una vez, en un bosque muy frondoso, un grupo de animales que salieron de excursión para ver el amanecer desde lo alto de la Gran Roca. Estaban la pequeña ardilla, el conejo saltarín, el erizo Pinchitos y un enorme y bondadoso oso llamado Bernardo. Todo era diversión hasta que, de repente, el cielo se puso negro y empezó a caer una lluvia torrencial. ¡El río del bosque creció tanto que inundó el único camino de vuelta! Los animales pequeños estaban asustados.
—¡No podemos cruzar! —chilló la ardilla—. ¡El agua corre muy rápido y nos llevará!
Bernardo, el oso, miró la corriente. Sabía que él era el único lo bastante grande y fuerte para resistir. Entonces, se metió en el agua fría, se agarró con sus garras a una roca de una orilla y apoyó sus patas traseras en la otra.
—¡Rápido! —rugió Bernardo con voz firme pero cariñosa—. ¡Subid a mi espalda y cruzad! Yo os sostendré.
—Pero, Bernardo, ¡el agua te está empujando muy fuerte y tienes que estar cansadísimo! —dijo el conejo preocupado.
—No importa mi cansancio —respondió el oso, haciendo un gran esfuerzo para no moverse—, solo importa que vosotros lleguéis a casa sanos y salvos. ¡Pasad ya!
Uno a uno, los animales caminaron sobre el lomo de Bernardo. Él aguantó el peso, el frío y los golpes de las ramas que traía el río. Cuando el último animalito saltó, por fin, a la orilla segura, el pobre Bernardo estaba agotado. El agua fría golpeaba con mucha fuerza y sus garras empezaban a resbalar de la roca. Sus amigos, desde la orilla, gritaban preocupados:
—¡Bernardo, aguanta! ¡Tú puedes!
Pero Bernardo ya no tenía fuerzas. Sus ojos se cerraban y el río estaba a punto de arrastrarlo. Parecía que todo estaba perdido para el valiente oso que se había sacrificado por los demás... ¡Pero entonces ocurrió algo asombroso!
De entre los árboles del bosque apareció una figura gigantesca y poderosa. Era Papá Oso, el más grande y sabio de todos. Con un rugido que hizo vibrar el suelo, Papá Oso se metió en el río, agarró a Bernardo con sus brazos fuertes y lo sacó del agua como si no pesara nada.
Papá Oso abrazó a su hijo, lo secó y le dijo al oído: —Estoy muy orgulloso de ti, pequeño. Has dado todo lo que tenías por tus amigos y ahora yo estoy aquí para darte fuerzas a ti.
Entonces, Bernardo abrió los ojos, vio a su padre y se sintió lleno de vida otra vez. Todos los animales celebraron con un gran abrazo que el puente de amor no se había roto.
- ¿Cómo crees que se sintió Bernardo al notar los brazos fuertes de su padre rescatándolo?
- ¿Alguna vez alguien te ha ayudado cuando tú ya no podías más?
A veces, nuestras peleas o nuestro egoísmo son como ese «río peligroso» que nos separa de los demás y de Dios. Para ayudarnos, la historia cuenta que Jesús decidió ser nuestro «puente», como el oso Bernardo. Se la jugó y dio todo lo que tenía para dejarnos el camino limpio y que pudiéramos cruzar sin miedo, y todo porque nos quiere un montón. Además, igual que Bernardo fue rescatado del agua, Dios no dejó a Jesús vencido, sino que lo volvió a la vida; ¡lo resucitó!
Sabiendo esto, si te apetece, puedes cerrar los ojos un momento y darle las gracias por dentro, diciéndole:
«Gracias, Jesús, por darlo todo por mí. Quiero conocerte más y aprender a ser un puente para los demás».
¡Que tengáis un buen día!

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