PALABRAS SAGRADAS: Purificar
Buenos días,
Hoy vamos a descubrir una palabra muy importante: purificar. Purificar es quitar lo que mancha o sobra para que algo vuelva a estar brillante. Por ejemplo, el agua que sale del grifo está purificada porque le han quitado la suciedad para que nos siente bien.
En Cuaresma, Jesús nos invita a cada uno de nosotros a purificar nuestro corazón. Pero, ¿eso cómo se hace?
Imagina una ventana llena de polvo. Si intentas mirar a través de ella, no ves nada claro, ¿verdad? Pues mira, cuando nos equivocamos, cuando dejamos de ayudar o hablamos mal a alguien, nuestro corazón se empaña como ese cristal. Eso hace que nos enfademos más y que no podamos amar como Jesús. Purificarlo es mirar esas cosas que hacemos mal e intentar limpiarlas para que el corazón vuelva a brillar.
Purificar es apartar lo que no nos deja ser felices: las peleas en el recreo o el enfado con un hermano. El Padre de Montfort decía que, para que entre luz en tu vida, primero hay que hacer espacio. Es como cuando ordenas tu cuarto: al quitar los trastos que no usas, ¡tienes mucho más sitio para jugar!
Dicho esto, piensa un momento:
- ¿Te cuesta tener ordenadas las cosas o recoger lo que has usado?
- ¿Qué "trasto" o mal hábito te gustaría limpiar de tu día para estar más alegre? (Por ejemplo: quejarte por la comida o no querer compartir).
Esta semana vamos a hablar del ayuno. En Cuaresma, ayunar se parece mucho a purificar. Porque podemos "ayunar" de quejas, de malas caras o de querer ser siempre los primeros en la fila. Es una forma de decir: «¡Mando yo, no mis caprichos!». Al purificarte de esas pequeñas cosas, dejas un espacio enorme para querer más a los que tienes al lado y para hablar con Dios con mucha más alegría. ¿Qué puedes hacer esta semana para limpiar un poquito tu corazón?

Comentarios
Publicar un comentario
Comparte tu opinión de manera responsable y evita el anonimato: Escribe tu nombre, el curso y tu cole gabrielista. Muchas gracias.