APRENDER: Entrenamiento invisible
¡Buenos días!
Hoy es un día marcado en el calendario de nuestro colegio, porque recordamos a la beata María Luisa Trichet, la gran compañera de aventuras de san Luis María de Montfort. Por ello, te voy a contar una historia de cuando ella era una niña, ¡casi de tu edad!
Viajamos a la Francia de hace muchos, muchos años. María Luisa tenía unos diez años cuando su hermana mayor, Juana, tuvo una enfermedad que la dejó sin poder moverse de la cama. De la noche al día, Juana no podía ni siquiera coger un vaso de agua con sus propias manos. Los médicos no sabían cómo curarla y toda la familia pasó por unos años muy difíciles y de mucha preocupación.
Durante este tiempo, mientras otros chicos salían a jugar después del colegio, María Luisa iba directa a la habitación de su hermana. Día tras día, año tras año. Aprendió a darle de comer con muchísima paciencia, a colocarle las almohadas para que estuviera más cómoda, a inventar juegos para hacerla sonreír y, sobre todo, a hacerle compañía. Fueron años muy duros, viendo a su hermana sin poder moverse. Pero allí ocurrió algo fantástico que ni siquiera María Luisa era capaz de ver: sin darse cuenta, se estaba entrenando. Aprender a cuidar con tanto cariño y sin pedir nada a cambio moldeó su corazón. Fue exactamente esa "práctica" en su casa la que, años más tarde, le dio la fuerza inmensa para cuidar a los enfermos de su ciudad y para abrir escuelas para las niñas que no tenían casi de nada.
¿Y con Juana qué pasó? Pues mira, tras cuatro años en la cama, la familia decidió hacer un viaje muy especial a un santuario de la Virgen. Allí rezaron todos juntos durante nueve días seguidos (lo que llamamos una novena). Y de repente, Juana sintió algo increíble en su cuerpo, como si sus músculos se despertaran de un largo sueño. Pidió agua y, dejando a todos con la boca abierta, ¡cogió el vaso ella misma! Días después volvía a su ciudad caminando. Fue un milagro precioso que sorprendió a los médicos y que marcó para siempre la vida de la joven María Luisa.
- Dime, ¿te has parado a pensar que las cosas que a veces nos cuestan trabajo pueden ser un "entrenamiento" invisible para sacar tu mejor versión del mañana?
- En tu día a día, en tu casa o en el recreo, ¿a quién cuidas tú cuando las cosas se ponen difíciles? Puede ser consolando a un amigo que se ha caído, ayudando a un compañero con los deberes o haciendo sonreír a alguien que está triste.
Aquel santuario al que fueron estaba dedicado a la Virgen. María Luisa conectó muchísimo con ella porque descubrió que es esa Madre del cielo que nos abraza fuerte cuando las cosas cuestan y que sabe lo que es sufrir por la gente que queremos. A veces, tener fe no es tener una varita mágica para borrar los problemas, sino confiar en esa Madre que te entiende, que se queda a tu lado y que te da la fuerza para levantarte y ayudar a otros. Dime, cuando tienes un día difícil y parece que necesitas un empujón extra, ¿en quién buscas tu fuerza?, ¿le dejas un huequito a María?
Que tengas un buen día.
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