EXPLICAR: La experiéncia de Andrea


¡Buenos días!
Hoy os traigo la historia de Andrea, una chica de aquí, de España. Andrea era una estudiante normal: iba a clase, salía con sus amigos y estaba feliz, hasta que un día pasó algo que lo cambió todo. Sufrió una gran pérdida familiar que apagó su alegría. A partir de ese día, Andrea sentía que estaba en un túnel muy oscuro. Tenía un vacío enorme por dentro y una tristeza profunda que no se le pasaba con nada. Ni haciendo planes divertidos ni estando rodeada de gente. Nada la animaba.
En su clase había una chica que era cristiana. Andrea se fijaba mucho en ella y sentía una especie de «envidia» buena. Porque no envidiaba sus cosas ni su ropa, sino la tranquilidad y la paz con la que vivía. Esa chica siempre estaba en paz, y Andrea deseaba recuperar eso como fuera. Un día, su amiga la invitó a un rato de oración. Andrea no solía ir a la iglesia y fue un poco a la defensiva, pero decidió acompañarla solo por ver si encontraba algo de esa tranquilidad.
Al llegar, se encontró una iglesia llena de jóvenes. Había cantos con guitarras, música y, sobre todo, momentos en los que se hacía un silencio impresionante. Andrea se sentó en el último banco, se cruzó de brazos pensando: «A mí esto no me va a convencer», y esperó.
Y entonces, en medio de ese silencio, pasó algo increíble. Sintió, de golpe, un abrazo por dentro. Fue como si un amor gigante le tocara el corazón y empezó a llorar como no lo había hecho en mucho tiempo. Pero no lloraba de pena; era un llanto de puro alivio. Sintió con total seguridad que no estaba sola en su tristeza y que Alguien la quería muchísimo.

Esto que le pasó a Andrea es exactamente lo mismo que vivieron los amigos de Jesús, los discípulos, el día de Pentecostés, cuando recibieron el Espíritu Santo. Ellos también estaban tristes y encerrados por el miedo, y de repente sintieron un «fuego», una fuerza por dentro que les devolvió la paz y los llenó de valentía para salir a compartir ese amor con todo el mundo.
  • ¿Alguna vez has admirado a un compañero no por sus juguetes o su estuche, sino porque siempre transmite mucha paz y es buen amigo?
  • ¿Has sentido alguna vez ese «abrazo por dentro» cuando estabas muy triste y alguien que te quiere mucho te ha consolado?
  • ¿Crees que estar un rato en silencio o escuchar una canción tranquila te puede ayudar a calmarte mejor que hablar mucho?

La historia de Andrea nos enseña que el Espíritu Santo es muy respetuoso. No es alguien que te obliga a nada ni se hace ver a la fuerza en tu vida. Es una compañía inmensa, pero solo se deja ver si tú le haces un poco de espacio y le dejas una puerta un poquito abierta. Andrea, aunque estaba triste y cruzada de brazos, dejó esa puerta abierta al sentarse en aquel banco y estar en silencio. Hoy te pregunto: ¿te atreves a parar un segundo, relajarte y dejarle a ese Espíritu Santo una pequeña puerta abierta en tu corazón?

Que tengas un buen día.

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