TRANSFORMAR: La carta de Renzo


Buenos días.
¿Alguna vez habéis pensado qué pasaría si le escribierais una carta al papa León XIV? Pensadlo un momento:
  • ¿Qué le preguntaríais?
  • Si tuvierais que contarle algo sobre el cole o sobre cómo os ha ido en este curso, ¿qué le diríais?
  • ¿Le compartiríais alguna preocupación?
Pues, como habéis visto, Renzo le escribió una carta llena de preguntas, ¡y el papa León le contestó! En sus respuestas, le contó cosas superinteresantes como estas:
  • Le confesó que de joven jugaba al fútbol como defensa. El papa le explicó a Renzo que la vida es como un partido que no se puede jugar de forma solitaria, sino que se juega en equipo. Si alguien se cree la estrella y nunca pasa la pelota, no deja jugar a los demás y probablemente el equipo pierda.
  • Le contó que de pequeño nunca se imaginó ser el papa de Roma. Lo que él quería de verdad era entregar su vida a Dios y ser amigo de Jesús.
  • El papa le recordó a Renzo que los abuelos son muy importantes en las familias y nunca deberían quedarse solos. A menudo nos cuidan cuando nuestros padres van a trabajar, así que nosotros tenemos que devolverles ese amor acompañándolos y cuidándolos.
  • Por último, Renzo le preguntó si siempre hay que perdonar, y el papa le recordó que Jesús nos dice que sí. Le explicó que perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien ni olvidar por la fuerza. Perdonar significa no dejar que el odio y el enfado se conviertan en dueños de nuestro corazón.
Pero ¿sabéis qué es lo más importante de todas estas respuestas? Lo importante es que, con sus palabras, el papa León intenta ser la voz de Jesús. Él solo desea hablar con el mismo amor, la misma esperanza y la misma alegría con la que hablaría Jesús.
Y lo mejor de todo es que el papa nos invita a nosotros a hacer exactamente lo mismo: ¡a ser la voz de Jesús con nuestras palabras y nuestros gestos!

Así que, ahora que el verano está a puntito de empezar, os invito a pensar en este reto: en la piscina, en el parque o en casa, preguntaos: «¿Qué diría Jesús si estuviera conmigo y viviera lo que yo vivo?».
Una vez lo descubráis, empezad a ser su voz y decid lo que él diría para hacer el bien a las demás personas. Recordad: las palabras de Jesús nunca dañan y nunca hieren; siempre acogen, están cargadas de amor y nos ayudan a ser mejores cada día.

Que tengáis un buen día.

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