EXPLICAR: Las piedras negras



¡Buenos días!
Cuentan que dos amigos decidieron subir juntos a una de las montañas más bonitas de su región. Llevaban agua, algo de comida y muchas ganas de llegar a la cima.
Nada más empezar, uno de ellos salió corriendo.
—¡Vamos! ¡Tenemos que llegar los primeros!
Su amigo intentó seguirle, pero pronto se quedó atrás.
Un poco después, un excursionista les pidió agua. Aunque llevaba la botella casi llena, respondió:
—Lo siento, tenemos prisa.
Siguió caminando y, al terminar una barrita, dejó caer el envoltorio al suelo.
—Ya lo recogerá alguien.
Poco después, un perro se acercó moviendo la cola. El chico lo apartó de malas maneras para que no le manchara las zapatillas.
Su amigo lo observaba en silencio.
Pero entonces ocurrió algo extraño: la mochila empezó a pesar cada vez más.
Al cabo de un rato, no podía continuar. Se sentó bajo un árbol, dejó la mochila en el suelo y la abrió.
—¡¿De dónde han salido todas estas piedras?!
Dentro había piedras negras de diferentes tamaños.
Su amigo se acercó y, después de mirarlas, le dijo:
—Quizá cada piedra tenga que ver con algo que has hecho durante el camino.
El chico pensó en lo ocurrido. Recordó al excursionista al que no quiso ayudar, el envoltorio que había tirado al suelo, cómo había tratado al perro y todas las veces que había ido demasiado deprisa sin preocuparse por su amigo.
Entonces lo entendió. Cada pequeño gesto podía convertirse en una piedra:
  • Una mala contestación.
  • Una burla.
  • Dejar a alguien de lado.
  • Decir «no es mi problema».
  • No pedir perdón cuando sabemos que hemos hecho daño.
Quizá ninguna de esas cosas parece demasiado importante por separado. Pero cuando se van acumulando, pueden hacer que nuestra mochila pese mucho.
—¿Y cómo saco todas estas piedras? —preguntó.
Su amigo sonrió.
—Empieza por una.
El chico volvió atrás, recogió el envoltorio que había tirado y lo guardó en su mochila. Después miró a su amigo.
—Perdona por dejarte atrás. ¿Seguimos juntos?
Y continuaron caminando.
La montaña seguía siendo igual de alta y el camino seguía teniendo dificultades, pero su mochila pesaba un poco menos.
Aquel día descubrió algo importante: no podemos evitar equivocarnos siempre, pero sí podemos decidir qué hacemos después de equivocarnos.
  • ¿Qué “piedras” pueden aparecer en nuestra mochila en el colegio?
    • ¿Una mala contestación, una pelea en el patio, dejar a alguien sin equipo, reírnos de un compañero, no cumplir con nuestra responsabilidad…?
  • ¿Alguna vez has pensado: «Por una vez no pasa nada»?
    • ¿Qué puede ocurrir cuando ese pequeño gesto se repite muchas veces?
  • ¿Qué piedra podrías sacar hoy de tu mochila?
    • Quizá pedir perdón, ayudar a alguien, incluir a un compañero en un juego, cuidar mejor el aula o tener un poco más de paciencia.

    A veces una “piedra” puede ser algo tan sencillo como contestar mal a nuestros padres por la mañana, enfadarnos porque hemos perdido un partido en el patio, dejar a un compañero fuera de nuestro grupo o no recoger algo porque pensamos que ya lo hará otro. Empezar un curso también significa aprender a caminar con los demás. En clase no estamos solos: lo que hacemos afecta a quienes tenemos alrededor. Jesús hablaba muchas veces de esto: de mirar al otro, ayudar, perdonar y tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros. No se trata de ser perfectos, sino de aprender a reconocer nuestros errores y tener el valor de cambiar. Quizá no podamos vaciar toda nuestra mochila de golpe. Pero puedes sacar una piedra. Y mañana, otra. ¿Te atreves hoy a vaciar tu mochila de piedras negras?

    Que tengas un buen día.

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