EMOCIONARSE: El valor de las emociones
¿Verdad que hay días en los que estás contentísimo y todo parece salir bien, y otros en los que te enfadas por cualquier cosa, te pones triste sin saber muy bien por qué o sientes nervios antes de hacer algo importante? Es lo más normal del mundo. Sentir una emoción no significa que haya algo malo en nosotros. La alegría nos habla de lo que disfrutamos; la tristeza puede avisarnos de que necesitamos cariño o compañía; el miedo nos alerta ante algo que nos preocupa, y el enfado puede aparecer cuando sentimos que algo no es justo.
Las emociones son como mensajes. No siempre sabemos entenderlos a la primera, pero podemos aprender a escucharlos sin dejar que decidan por nosotros.
- ¿Qué emoción has sentido últimamente: alegría, tristeza, enfado, miedo…?
- ¿Qué te ayuda cuando estás triste o enfadado? ¿Espacio, tiempo, hablar con alguien...?
- ¿Cómo puedes expresar lo que sientes sin hacerte daño ni hacérselo a otra persona?
Quizá no lo sabes, pero en los Evangelios vemos a Jesús emocionarse, llorar y preocuparse por las personas. A veces nos cuesta mostrar las emociones, pero imagina que hay alguien que te conoce superbien por dentro y a quien puedes contarle cualquier cosa sin necesidad de fingir que todo va bien. Muchas veces tenemos gente a nuestro lado así, ¿verdad? Los cristianos, además, creemos que Dios también conoce todo de nosotros, así que podemos hablar con él con total sinceridad. Las emociones están ahí para mirarlas, ponerles nombre y aprender a preguntarte qué necesitas o qué te gusta. ¿Lo harás? Es una buena forma de cuidarte.
Que tengas un buen día.

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