EXPLICAR: Elena la misionera
¡Buenos días!
En una pequeña aldea, al otro lado del mundo, había una escuela que abría cada mañana muy temprano.
Allí trabajaba Elena, una misionera que llevaba muchos años viviendo con aquellas familias. A veces faltaban libros, lápices o materiales para las clases. Otras veces, cuando llovía mucho, era muy difícil llegar hasta la escuela. Pero Elena, siempre que podía, volvía a abrir sus puertas para que los niños pudieran aprender.
Un día, un chico le preguntó:
—Elena, ¿por qué sigues aquí? ¿No te gustaría vivir en un lugar donde todo fuera más fácil?
Ella sonrió y le contestó: —Puede ser, pero dime una cosa: ¿qué pasaría si mañana esta escuela ya no abriera?
El chico se quedó pensando. Allí había aprendido a leer, había descubierto cosas nuevas y había conocido a personas que confiaban en él.
—¡Nos perderíamos un montón de cosas importantes! —respondió.
—¡Eso es! —dijo Elena—. Pero hay algo que quiero que sepas: esta escuela no es solo mía. ¡Es de todos! Yo también he aprendido muchas cosas de vosotros.
Pasaron los años y aquel chico se convirtió en maestro. Cuando alguien le preguntaba quién le había ayudado a encontrar su camino, siempre recordaba a Elena, aquella mujer que cada mañana estaba allí para enseñar, escuchar y acompañar.
- ¿Quién te ha enseñado algo importante, además de tus profesores y profesoras?
- Cuando ayudas a un compañero, ¿crees que tú también puedes aprender algo de él?
- ¿Qué persona te hace sentir que puedes conseguir cosas que antes te parecían difíciles?
A veces pensamos que ayudar significa que nosotros sabemos más y tenemos que enseñar a los demás. Pero ¡todos tenemos cosas que aprender y algo bueno que compartir! Por ejemplo, hoy ayudas a un compañero con un ejercicio y mañana él te enseña un juego nuevo; o escuchas a una amiga que está triste y otro día ella te ayuda cuando tú lo necesitas.
¿Sabes qué? Jesús también se acercaba a las personas, las escuchaba y les hacía sentir que eran importantes. No se creía mejor que nadie, sino que quería a cada persona tal como era. Por eso, cuando ayudamos y aprendemos unos de otros, también podemos querer como Jesús. Y tú ¿a quién puedes ayudar hoy y qué podrías aprender de esa persona?
Que tengas un buen día.

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