¡Buenos días!
Hoy vamos a descubrir una palabra muy importante: escuchar.
Escuchar no es solamente oír sonidos. Es prestar atención a lo que otra persona nos quiere decir, incluso cuando no utiliza palabras. A veces estamos tan ocupados con nuestras cosas que no nos damos cuenta de que alguien necesita que le escuchemos. De hecho, en la Biblia encontramos la historia de un niño llamado Samuel al que le pasa precisamente esto:
Una noche, Samuel estaba durmiendo en el templo, donde vivía y ayudaba al sacerdote Elí. De pronto, oyó una voz que lo llamaba: «¡Samuel!».
Entonces, Samuel se levantó rápidamente, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Pero Elí le respondió que no lo había llamado y le dijo que volviera a dormir. Sin embargo, esa voz lo llamó hasta dos veces más. A la tercera vez, el sacerdote Elí comprendió que podía ser Dios quien llamaba a Samuel y le enseñó qué debía responder si volvía a escuchar esa voz: «Habla, Señor, que tu siervo escucha».
Samuel volvió a su lugar y, cuando Dios lo llamó de nuevo, respondió como Elí le había indicado. Y así fue como comenzó una historia muy especial entre Samuel y Dios.
- ¿Alguna vez te han llamado y no te has enterado porque estabas distraído?
- ¿Cómo te sientes cuando alguien te escucha de verdad?
- ¿Qué podrías hacer para escuchar mejor a alguien que quiere contarte algo importante?
Los cristianos creemos que Dios puede hablarnos de muchas maneras: cuando leemos la Biblia, cuando estamos en silencio, cuando alguien nos da un buen consejo o cuando descubrimos una oportunidad para ayudar a los demás. Pero, a veces, nos cuesta escucharle porque hay mucho ruido a nuestro alrededor, tenemos muchas cosas en la cabeza o estamos tan ocupados que no nos paramos a pensar. Por eso, escuchar es tan importante, porque significa hacer un poco de silencio, prestar atención a las personas que nos rodean y pensar en cómo podemos ayudar y hacer el bien.
Como Samuel, podemos aprender a escuchar con el corazón, aunque no siempre entendamos todo a la primera. Y tú, ¿te animas hoy a escuchar con más atención a las personas que te rodean y a dedicar un momento a estar en silencio y hablar con Dios?
¡Que tengas un buen día!
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